Una crisis verdadera

Una crisis verdadera

Publicado en Diario Sur el 5 de octubre de 2012

Estoy absolutamente convencido de que todo el mundo se ha dado cuenta ya. Usted, por ejemplo, seguro que ya lo ha comentado en algún círculo de amigos, ayer por la tarde o mañana por la noche. Sí, lo recuerdo, le he visto mantener una conversación digna de Churchill, de esas que agotan el tema sin agotar al interlocutor. Incluso el presidente de la escalera lo venía diciendo el otro día en el ascensor y eso que, según la portera, él ni siquiera escucha la radio.

No, no mire para otro lado, no se preocupe, aquí no nos escucha nadie. Estamos solos tú y yo. ¿Puedo tutearte, verdad? Verdad. Ese es el tema del que quería hablarte. ¡Qué relativa es la verdad! A veces me la imagino como un poliedro lleno de aristas donde cada percepción, cada esquina, es cierta y ninguna está completa. No creo que podamos conocer la verdad, ni agarrarla, ni siquiera estoy seguro de que podamos sostener una verdad, deben ser enormes poliedros con miles de caras, la mayor parte ocultas para nosotros.

Últimamente me preocupa que mi verdad coincida con todas las que observo. Todo el mundo habla de ello y nadie se contradice. La gente afirma que estamos ante una crisis de miedo. ¿Le he asustado? Disculpe, no era mi intención. En realidad creo que el asunto puede ser menos grave siempre que siga las instrucciones de cualquier folleto publicitario y no se preocupe por nada, nosotros nos encargamos de todo. ¿Del miedo? También. Al fin y al cabo, aún no hemos llegado a la verdadera crisis, la crisis de pánico.

El miedo, amigo mío, es un auténtico peligro. Pongamos que la economía es como una araña y el miedo a que no se recupere, su veneno. En ese caso, la única forma para salir de esta trampa consiste en ser valientes. Y he ahí el problema, en medio de esta crisis de miedo, no importa que la economía pueda recuperarse o no, resulta que ya estamos envenenados. Pero yo estoy absolutamente convencido de que usted se ha dado cuenta ya. Ahora solo falta que en lugar del miedo, nos pique a todos la curiosidad.