Teatro al rescate

Teatro al rescate

Publicado en Diario Sur – 15 de junio de 2012

No sabía yo que nos habían secuestrado cuando me entero de que ya han pagado el rescate. Igual me estoy equivocando y la culpa es de un naufragio: nuestros bancos son en realidad barcos echados a la mar como el Titanic, pero ¿seguro que ha sido Europa y no este calor quien nos ha salvado del fatídico iceberg? Me cuesta pensar que vivimos en la realidad, que no se trata de un cuento, porque en la ficción existe más lógica que en la vida. Los buenos acaban bien y los malos pierden, ¿no era así? Igual es que aún no hemos llegado al final, así que mientras nos rescatan o no de esta inundación, prefiero subir a lo más alto y sentarme a ver una obra de teatro en la azotea. A ver qué tal sienta eso de despegar los pies del suelo durante un rato y mirarlo todo desde otra perspectiva.

“Teatro en las azoteas”, así se llama el ciclo cultural que comenzó ayer y llenará las azoteas de Málaga cada jueves, durante los meses veraniegos de junio y julio, con una obra diferente en cada ocasión. La compañía Sindromedario abrió el telón ayer con su obra ‘La vida es pollo’ y la seguirán Bajotierra con ‘Estoy buscando algo que no sé lo que es’, La Naranja Completa con ‘Tenemos gato’, Teatro Caramala con ‘La hora feliz’, Subterráneo Teatro y los Anfibios con ‘Fragmentos de lluvia para la escena’, el monólogo ‘Asuntillos’ de Asun Ayllón y, finalmente, Mandrágora Teatro con ‘Romancero Churumbel’.

Hoteles, restaurantes y particulares han cedido sus terrazas superiores para dejar que el teatro que se crea en esa otra azotea, la de nuestras cabezas, invada Málaga durante el verano. Las compañías, por su parte, harán lo posible por rescatar nuestra imaginación, risa e ilusión, que falta nos hace. La verdad, prefiero que sea el teatro quien me rescate de esta realidad, de este país que parece estar mal de la azotea, entre otras cosas porque luego no me van a exigir que les devuelva el favor con intereses, aunque quizás nos pidan unas risas o algún aplauso, pero ¿acaso no sonríen los verdaderos náufragos cuando llega su salvación?