Rimas contra ronquidos

Rimas contra ronquidos

Publicado en Diario Sur el 18 de mayo de 2012

Siempre que estoy en un recital de poesía creo que es de noche. Debe serlo. El mundo está a oscuras y solo unos cuantos mantienen los ojos abiertos, las gargantas de par en par. Las rimas se evaporan gateando por el techo y salen por la puerta, suben por la fachada y pelean en su última batalla, hasta que mueren derrotadas por un ronquido. Mañana a las siete y cuarto sonará el despertador. Martes. ¿Desde cuando el despertador no te pone los pelos de punta?

El martes pasado, y el miércoles y el jueves y hoy me he despertado con los pelos de punta, como si las arañas de la rutina se hubiesen echado a dormir sobre mi piel con las patas hacia arriba. La culpa la tiene la poesía. La poesía que adormece al sueño, la que despierta el pensamiento.
La Noche en Blanco se llenó de poesía en Málaga. Los que estuvimos allí, llevamos días despertándonos del revés. Y la noche se acabó antes de que se nos quitasen las ganas de quedarnos, como se acaba el sueldo antes de que se acaben los días para gastarlo. Amaneció y, sin embargo, aún es de noche, pues la poesía sigue viva en Málaga, cada día, siempre nocturna.
Yo envidio a los poetas más que a los millonarios y, por si fuera poco, los envidio mejor. Si fuésemos millonarios, Daniel, ¿imaginas lo que podríamos hacer con todo ese dinero? Podríamos hacer muchas cosas, como por ejemplo, no hacer nada. ¿Y por qué no apadrinar a un escritor, como dice Paco? Le doy toda la razón, con mucho gusto apadrinaría yo a uno de los poetas que le dio la vuelta a mis arañas de la rutina: a Alejandro, Bárbara o Isabel.
Escribir no cuesta nada. Es cierto. Afortunadamente, las letras no se cotizan en bolsa -todavía-. Podemos coger cuantas palabras queramos, derrocharlas, devolverlas o desecharlas. Podemos permitirnos el lujo de seleccionar las más frescas o volver a probar las de gran añada. Escribir no cuesta nada, pero escribir cuesta mucho y más aún si se trata de poesía. ¿Alguien sabe cuánto cuesta tumbar a una araña? ¿Cuánto cuesta romper la rutina? Muy poco. Basta con escuchar un buen recital de poesía.