Leer para creer

Leer para creer

Publicado en Diario sur el 26 de junio de 2012

Todos somos libres de creer en lo que queramos. Un día me preguntaron si yo creía en las casualidades y contesté: «¿Cree usted en las bofetadas?» Exacto, a veces no es cuestión de fe sino de impacto. No sé si haber asistido a la presentación del libro de Fernando Sanmartín fue una casualidad, pero les aseguro que me dejó impactada. Fernando es un escritor de la e a la erre, además de abogado y, desde hace un tiempo, santo. Ha sido Isabel Bono quien se ha encargado de canonizarlo y, si hay algo en lo que yo crea, es en el criterio de esta poeta malagueña.

El hecho de que Fernando se apellide Sanmartín es una casualidad pues Isabel nunca se fija en el nombre, la edad, la cuna o el color de ojos para confeccionar las estampitas de su canon. Ella canoniza a los escritores porque considera que su literatura es un milagro, un fenómeno la altura de las obras de Kurt Vonnegut.

El lunes pasado, Isabel Bono, arropada por la organización del Centro Cultural Generación del 27, presentó a este santo escritor a quien definió como «honesto», pues al conocerlo, supo que hablaba tal y como escribía: con una honestidad asombrosa. Este narrador y poeta zaragozano dice que se encuentra a gusto cada vez que viene a Andalucía y que no piensa renunciar a la literatura nunca, pues escribe, como decía Lobo Antunes, para estar más cerca de las emociones.

Es un escritor que renuncia a las máscaras, tal y como describe su libro ‘Infiel a los disfraces’ y está convencido de que todos buscamos algo: una dirección, una camisa en las rebajas, buscamos en Google, buscamos a Dios. Pero, si hay algo que diferencia a las búsquedas, es la intensidad y que, además, algunas búsquedas acaban encontrándonos.

A mí me encontró mi búsqueda pues a través de la voz serena de este escritor, revalidé la fe que tengo en la literatura. Me oí a mí misma pensando que quería ser más honesta al escribir, más honesta en la vida, honesta hasta el punto de conseguir ser libre para creer en lo que yo quiera; para creer, por ejemplo, en los insectos y -¿por qué no?- en los humanos.