El circo sin pan

El circo sin pan

Publicado en Diario Sur el 21 de septiembre de 2012

En una entrevista, Charlie Kaufman, uno de los guionistas más importantes de nuestros días, decía que él no era escritor ni guionista. Aseguraba ser solo una persona que hacía eso: escribir, y también sufría con eso. Kaufman utilizaba una cita del novelista alemán Thomas Mann para definir mejor el concepto: “Un escritor es alguien para quien escribir es mucho más duro que para otras personas”.  Creo que hay mucha razón en esas palabras; escribir es una lucha, como lo es realizar cualquier arte.

El arte, considerado como una disciplina especial, carga con todas las connotaciones de esa palabra.  Se trata de algo que sale de la normalidad, pero a la vez, resulta inherente al ser humano. Las hormigas no pintan cuadros y, aunque los grillos canten, no han llegado a escribir óperas aún. Los humanos, sin embargo, cultivamos el arte desde tiempos ancestrales y desde entonces hasta hoy, seguimos maltratando a los artistas.

Durante las Olimpiadas Culturales (WEYA), estuve rodeada de 999 personas que sentían una pasión irrefrenable por una o varias disciplinas artísticas. Allí descubrí que, por definición, el 99% de los artistas tiene dos trabajos: uno que se considera serio y otro con el que sufren y disfrutan a la vez: la creación. Así luchan para encontrar los fondos económicos y el tiempo necesario para seguir luchando contra los objetos más inverosímiles: un lienzo, una guitarra o papel en blanco.

Dedicarse a pintar, cantar, escribir, crear instalaciones, hacer teatro o cine no se considera un trabajo “de verdad”. Así es. Lo mires por donde lo mires. Y sin embargo, estos trabajos son igual de duros que cualquier otro. Los artistas sufren, hacen horas extra, sudan, se exprimen, se estresan y se deprimen, como cualquier trabajador.  Pero si con 25 años eres cantante, pareces un “cantamañanas”, si eres escritor, pareces un “cuentista”, y así sucesivamente. El trabajo del artista a veces no se respeta ni moral ni económicamente. Quizás un día exista un buen bufete de pintores o una clínica de músicos, pero hoy… Hoy solo seguimos luchando.